jueves, 29 de abril de 2010

Negro brilla el sol (Vampiro I)

Mi anterior entrada era una escena ambientada en el oscuro reflejo del mundo real en que tiene lugar Vampiro: la Mascarada. Como empleé varios términos que lo alejan de lo que podría ser un relato de vampiros fácil de situar, voy a contaros por encima lo más básico sobre esta ambientación para que términos como "Arzobispo", "Sabbat" o "Tzimisce" no os suenen a chino.

La mitología de La Mascarada cuenta que Caín fue el primer vampiro, maldito por Dios tras negarse a arrepentirse por matar a su hermano Abel. Caín creó (Abrazó) a tres vampiros con el tiempo, que a su vez crearon a otros trece. Tras el Diluvio bíblico, Caín se ocultó y los trece, llamados Antediluvianos, habiendo destruido a los tres, comenzaron a extenderse por el mundo. Cada uno creó lentamente otros vampiros, y así se crearon los trece clanes, familias de no-muertos que comparten afinidades y debilidades. 

La sociedad Cainita parasitó las civilizaciones humanas, siempre basando las relaciones de poder en la dominación del más anciano. Durante la Edad Media, al mismo tiempo que los fuegos de la Inquisición se cebaban con los vampiros que habían mostrado abiertamente su condición a los mortales, esta organización se vino abajo. Los jóvenes abrazaron la violencia y se lanzaron contra los antiguos y sus tradiciones. Dos de los Antediluvianos fueron destruidos en la guerra, y los ancianos, viendo su existencia amenazada, se reunieron para poner orden. Los venerables de siete de los clanes aceptaron cooperar para conservar las tradiciones y preservar el vampirismo, ocultándose de los mortales mediante lo que llamaron la Mascarada: la obligación de ocultar cualquier pista de su existencia al ojo público. Los rebeldes, negándose a disimular lo que eran y a recibir de nuevo las cadenas de los antiguos, reaccionaron creando el Sabbat, la Espada de Caín: una secta darwinista y depredadora consagrada a mantener a los vampiros en la cima de la cadena alimentaria y a vencer a las fuerzas de los ancianos que conspiran para esclavizar a todos los no-muertos. Dos clanes forman el núcleo de esta secta, pero muchos individuos de todos los demás les acompañan. Los otros cuatro clanes que no se unieron a ninguna de esas organizaciones permanecen independientes hasta las noches actuales. 

Siete clanes conforman la Camarilla, que busca la supervivencia mediante el engaño, controlando a los mortales desde lejos: Brujah, Gangrel, Malkavian, Nosferatu, Toreador, Tremere y Ventrue. Dos clanes lideran el Sabbat, abrazando lo que significa realmente ser un depredador inmortal: Lasombra y Tzimisce. Y mientras, los Assamitas, Seguidores de Set, Giovanni y Ravnos permanecen al margen de la guerra que mantienen las dos sectas por la supremacía y el control de las ciudades humanas.

Por ahora es un buen comienzo, creo que más que suficiente para ir conociendo algunas cosas básicas pero no atragantaros con demasiada información; tampoco es cuestión de cansar a estas alturas. Más adelante ya hablaremos de los cargos en cada secta, de las leyendas vampíricas y de las tradiciones más conocidas.

lunes, 26 de abril de 2010

Charlotte

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Despacho del Arzobispo, edificio Colombus, Charlotte, Carolina del Norte, 18 de marzo de 2004, 01:45

Aquél había sido el despacho de la maldita serpiente que había envenenado esta ciudad. En cierto modo, la misma serpiente que había motivado el asedio, y finalmente, su propia llegada al poder. Ahora era el despacho del Arzobispo, su despacho, aunque había tenido que redecorarlo tras la batalla, y dudaba que tuviera el encanto que le imaginó al destrozado -y abandonado- despacho del Setita al entrar por primera vez en él.

Tampoco es que amara este lugar. Era una ciudad secundaria, al menos para el Sabbat. Prefería Nueva York, de eso estaba seguro. Aunque ahora tenía un poder mayor que el que había tenido nunca en Nueva York, al lado de Polonia. Se levantó del cómodo sillón que había hecho traer meses antes y se acercó al ventanal desde el que podría controlar el centro de la ciudad. Sí, toda la ciudad quedaba a sus pies, bajo su poder. Pero, en el fondo, sabía que no era nada. Otros tenían esa misma situación en México, Madrid, Montreal o Washington, ciudades que sí eran importantes. Charlotte no era ni siquiera Houston. Nadie luchaba por ella, y de no haber sido por el Priscus Vlados, a nadie le sonaría. Pobre imbécil. No podría evitar sonreír cada vez que se imaginaba cómo debía sentirse el Tzimisce desde que se jugó su puesto y muchas cosas más por la ciudad, y todo para que al final, llegara Polonia y se hiciera cargo del asunto.

Ser Arzobispo no era mucho, pero al menos no tenía a otros once paladines compitiendo con él por sobresalir ante el gran jefe. Ahora no tenía que ir vigilando tanto su espalda por miedo a puñaladas traicioneras de sus "hermanos", y podía tener a subordinados que cumplían las tareas que su Eminencia llevaba tanto tiempo encomendándole. Y Charlotte era, al menos comparada con otras ciudades Sabbat, razonablemente tranquila. Tenía sus problemas, sus idiotas, pero no era un territorio fronterizo con infiltraciones constantes y disturbios noche sí, noche también.

Golpearon dos veces en la puerta, y Guillermo Aguirre, Arzobispo de Charlotte, se volvió hacia su escritorio, quedando de pie, inmóvil, con las manos en la espalda.

- Pasa.

 

Sólo se abrió una de las hojas de la puerta doble, y un joven más alto que el Arzobispo entró en la estancia. Parte del cabello oscuro le tapaba la frente, y vestía de gris, con una cazadora negra muy usada. El Cainita se detuvo frente a la mesa de Aguirre, casi tocando la sombra de Aguirre, que se proyectaba hasta el mueble.

- ¿Me llamaba, señor?

- Sí, Kerrigan. ¿Cómo va con don Ignacio?

- Su sire me hizo llamar esta noche.

- ¿Qué quería?

- Informes sobre la situación en las calles, nada serio.

El Arzobispo se dio la vuelta y se acercó de nuevo al ventanal.

- ¿Por qué no me lo pregunta a mí? Es irritante.

Kerrigan avanzó lentamente, bordeando el escritorio.

- Creo que quería la opinión de alguien de la calle, señor. También quería conversar de nuevo conmigo.

El templario habría visto el gesto de profundo disgusto del Arzobispo, de haberse reflejado esa imagen en el cristal.

- ¿Y qué le dijiste?

Aguirre sintió la duda en su templario, en su chiquillo.

- Lo que pidió. Le hablé de la pelea de la semana pasada, del incendio de los almacenes industriales...

El Arzobispo observó su propia mano derecha, y apretó lentamente el puño.

- ¿Le contaste lo de los Combatientes de la Gangrena?

- Sí, señor.

El puño se cerró con fuerza.

- De todos modos...

Aguirre, antiguo Paladín del cardenal Polonia, cerró los ojos.

- ¿Sí?

- Creo que ya lo sabía, señor.

Finalmente, el Arzobispo se dio la vuelta, y no necesitó preguntar, sus ojos exigían respuesta.

- Ya he mandado a Thompson y a Jill a preguntar por ahí.

- Maldita sea, Kerrigan. El asunto de esos pirados me preocupa mucho. No son los primeros a los que les pasa algo raro, pero sí es la primera manada que es neutralizada en una noche en mi ciudad -dio dos pasos hacia su chiquillo-. Y que mi sire esté al tanto de todo me pone aún más nervioso, porque ordené a todos los que estaban al tanto que cerraran sus putas bocas, ¿comprendes?

A pesar de que Kerrigan era más alto que Aguirre, el Arzobispo resultaba ahora muy amenazador, su larga sombra alcanzando la pared y su oscura silueta recortada contra la luz de la luna. El templario no retrocedió.

- Me ocuparé de todo, señor.

Aguirre mantuvo la mirada en él unos instantes, y pareció que iba a decir algo, pero volvió a darse la vuelta. Su chiquillo, no obstante, sí habló, sugiriendo una idea con la que el mismo Arzobispo había fantaseado alguna vez, antes de desecharla rápidamente como si de un insulto a su valía se tratara.

- ¿Y si le preguntara a él?

No hubo más que silencio, y cuando Kerrigan pensó en retirarse, su sire le habló.

- Encuentra al imbécil que se ha ido de la lengua y tráemelo. Y sobre el Priscus...

- Se irá pronto.

Esta vez, Aguirre sí se volvió, levantando una ceja.

- Me lo ha dicho esta noche. Dice que tiene asuntos que atender en España.

- Eso espero, y que le mantengan ocupado mucho tiempo. Ya tengo suficiente con Polonia como para ser observado también por Bormás.

El Arzobispo se acarició la perilla lentamente.

- Kerrigan, vuelve a reunirte con el Priscus, y despídeme de él. Deséale buen viaje de vuelta, y dile que le mantendré informado.

El templario asintió.

- Luego quiero que dejes a Thompson y a Jill con los interrogatorios, y que tú te dediques a buscar cualquier rastro de quién o qué pudo cargarse a esos vampiros.

- Me ocuparé de ello.

De nuevo, Guillermo Aguirre le dio la espalda para contemplar la ciudad.

- Avisa a Malone, estará ahí fuera. Quiero verle.

sábado, 24 de abril de 2010

Los yermos de Adarkar

Hace muchos años empecé a jugar a Magic

Llevaba tiempo viendo anuncios en la contraportada de la añorada serie roja de Dragon Ball y, de repente, un día, mis primos aparecieron con unas barajas. Me uní a ellos y empezamos a jugar compulsivamente. En unos meses, pasamos de la mesa del comedor a las mesas de varias tiendas, y comprábamos sobres de todas las expansiones disponibles. Fue a final de ese primer verano cuando publicaron en español la primera gran ampliación del juego, que podía ser jugada de forma independiente: Ice Age

Magic tiene lugar en una serie de mundos y planos relacionados, llenos de magia y misterios. Ice Age se desarrollaba en un continente cubierto de hielo llamado Terisiare, en medio de una era glacial desatada a consecuencia de una guerra apocalíptica. Había imperios bajo la nieve, restos de glorias del pasado, gente luchando por superar la glaciación, y poderes conspirando para mantener al continente bajo el hielo para siempre.

La expansión introdujo muchas cartas basadas en lugares de Terisiare. Una de ellas eran los Yermos de Adarkar, unas llanuras heladas alejadas de la civilización y llenas de restos de las sociedades previas a la era glacial.  La carta era aceptablemente valiosa en un principio, luego lo fue más y siguió siéndolo mucho tiempo después, cuando mi primo me regaló una copia en francés. 

Siempre me ha gustado el nombre del lugar y lo que implicaba en el mundo de juego, con su alusión a tesoros desconocidos y a centinelas silenciosos guardando ruinas ocultas bajo el hielo. Nunca llegué a utilizar la carta, pero ahora le daré un buen uso a su nombre.

jueves, 22 de abril de 2010

The Second Renaissance

He sido blogger desde hace más de seis años. En el principio, tuve un blog muy personal, lleno de anécdotas, cambios de humor y tonterías que en realidad no me interesaban ni a mí pasados unos días. Ese blog creció y evolucionó, ganó y perdió lectores, tuvo muchos lavados de cara, pero al final fue abandonado. Abandoné a mi criatura, lo único que me había acompañado durante todos mis años en la red de redes, porque me cansé de ella, porque necesitaba un cambio que no iba a arreglarse renovando el layout.

He tenido otras aventuras en la blogosfera desde entonces, con cierto éxito, pero ninguno de esos otros proyectos ha sido tan personal como mi blog original. Ninguno de ellos era 100% real. Ahora pretendo culminar ese proceso, abriendo un blog que se base fundamentalmente en ficción, no una vida ficticia, sino ficción, lisa y llanamente. 

Por supuesto que habrá cosas personales, pero no será una bitácora de mis días, con mis idas y venidas por la vida. Básicamente hablaré de mis gustos, no de mis vivencias. Películas, libros, juegos, actividades... y, como novedad, relatos. No soy muy de relatos cortos, pero sí de articular historias mediante fragmentos, instantáneas, y la mayoría de lo que escriba como ficción aquí irá en esa línea.

Los comienzos siempre imponen y este, aun no siendo un auténtico inicio, no es diferente.